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Escuela de Familias: Niños motivados

La autoestima es una conquista constante, granito a granito, que no termina nunca, se desarrolla durante toda la vida y puede cambiar  dependiendo de las situaciones. Es importante ayudar al niño, a sentirse bien consigo mismo, a hacer amistades y a aceptar cambios. Con una autoestima positiva se sentirá más satisfecho consigo mismo y más feliz. Una sana autoestima puede determinar nuestro futuro más que cualquier otro factor y por tanto, es importante cuidar de ella.

La autoestima sigue en su evolución unos patrones de funcionamiento comunes para todos los niños. Es a partir de los 5-6 años cuando empiezan a formarse un concepto de cómo los ven los mayores (padres, maestros, compañeros, amigos, etc.) y con  las experiencias que van viviendo, va adquiriendo mayor importancia un factor que hasta ahora no lo tenía o lo tenía en un grado ínfimo: La oportunidad de emitir juicios de valor propios, por lo que  empezará a querer hacer las cosas a su manera. Esto nos brinda una de las muchas ocasiones en que podemos  influir en su autoestima
Todos, como hijos, hemos  sido corregidos y  reprendidos por aquello que a juicio de nuestros padres hicimos mal; pero en qué grado y de qué forma, es lo que marcará la diferencia entre una buena o mala autoestima.
Como padres hay que tener en cuenta la importancia que tiene todo lo que decimos a nuestros hijos. La autoestima se ve influenciada por los mensajes que el niño recibe del exterior.

En ocasiones al reprender a un niño se pueden  escuchar frases como “eres un desastre”, “siempre lo haces todo mal” o “parece que lo haces intencionadamente para molestarme”. Cuando se dirigen  al niño mensajes de ese tipo no se pretende, obviamente, hacerle ningún daño, sino que se busca señalarle sus errores para que tome conciencia de ellos y empiece a hacer bien las cosas. Sin embargo, hay un camino mejor.

La mejor herramienta para educar a vuestros hijos y solucionar los problemas que puedan surgir, sin duda, son la paciencia y la observación. Si adoptamos este hábito de observar la conducta de nuestros hijos sabremos qué hacer. Si, además  sabemos reconocernos nuestros esfuerzos y nos perdonamos pequeños errores, estamos en una buena disposición para hacer lo mismo con nuestros hijos. En los procesos de desarrollo de la autoestima y en las formas de corregir al niño, el uso del lenguaje adecuado desempeña un papel muy importante.

Si no ponemos cuidado podemos enseñarles a manejar criterios de exigencia muy rigurosos. Ocurre, por ejemplo, cuando les decimos: “Hoy lo has hecho bien, pero todavía lo haces mal muchas veces”, “Tienes que aprender a hacer este trabajo perfectamente”. Si un niño aprende a guiarse por estos patrones, difícilmente va a sentirse satisfecho con lo que hace y consigo mismo.
Es más práctico, para un buen desarrollo de la autoestima y de cualquier otro aprendizaje infantil, ser moderado en los criterios de exigencia y utilizar con frecuencia la felicitación. Solemos resaltar lo que no nos gusta  y dar por bueno lo que nos gusta sin llegar a decírselo.
Corregimos y criticamos un 80% de las veces y solo reforzamos un 20%, y sería preferible invertir esta proporción. Alabar más que criticar, de forma que nuestras correcciones sean escuchadas no como criticas sino como estímulos para obtener nuestra aprobación que tan generosamente sabemos obsequiar.
Es importante recordar que la mayor fuente de cariño es el tiempo que le dedicamos a la otra persona. Es difícil sentirse querido cuando se le presta más tiempo y más atención a todo lo demás.
Tan perjudicial para los niños, es no cuidar su autoestima como no ponerles límites; los necesita para organizar su vida y para convivir, son indispensables en  una buena educación.

 

¿Cómo ayudar?

  • AYÚDALE A CONOCERSE. Enséñale a aceptarse tal como es, transmitiéndole que todos somos “únicos e irrepetibles”, y que nuestro valor como persona reside en este principio. Ayúdale a encontrar sus puntos fuertes para que aprenda a compensarlos con los débiles. “No eres excelente jugando al fútbol, pero haces unos dibujos muy bonitos”.
  • ESCUCHALE. Sus ideas surgen a veces a borbotones y dejaréis que las verbalicen para que aprendan a argumentar, a pensar con lógica, a razonar y a utilizar el sentido común.
  • MEJORAR LA AUTOESTIMA: dirigirle con mucha frecuencia mensajes positivos sobre alguna de sus facetas o sobre su personalidad global fuera de esas situaciones en las que hemos de corregirle.
  • Valorar sus esfuerzos, no los resultados. Si el balance final es satisfactorio o no es secundario. Tu actitud debe centrarse en animarle, en abonar el camino para que la siguiente vez que quiera intentar esa misma tarea, se vea con ganas y, sobre todo, se sepa capaz.
  • Criticamos o Corregimos las actitudes no a la persona. “No me gusta que hagas esto” es mejor que decir “eres un desastre” o algo parecido. Tu hijo debe saber que le quieres con un cariño incondicional, que no depende de las notas que saque en el cole, de lo bien que se le dé el fútbol. Sentir que forma parte de una familia que le ama y le respeta, con la que se puede comunicar, le aporta la seguridad necesaria para enfrentarse al mundo y para abrirse a los demás.
  • FOMENTA SU AUTONOMIA. Plantéale nuevos retos. Teniendo en cuenta su edad y su nivel de madurez, deberás ir pidiéndole que realice ciertas tareas. Para aprender a ser autónomo, necesita de tu colaboración. Se paciente y comprensivo, y ten en cuenta que está aprendiendo, y que los errores son parte indispensable del proceso. No le presiones. El desarrollo de una autoestima sana pasa por compararse únicamente con uno mismo, procurando ser cada día, a través de la constancia, un poco mejor.
  • ESTABLECER RUTINAS: Ponle límites y metas. Cuando se enfrente al mundo real, no podrá conseguir las cosas “porque sí”, y entonces se sentirá enormemente frustrado. Por esta razón, enseñarle a tener paciencia, a aplazar sus deseos, y a lograr las cosas mediante el esfuerzo personal, es la mejor manera de convertirle en una persona fuerte y luchadora.
  • AYÚDALE A PENSAR. Huye de las etiquetas. “Eres lento”, “Mira que eres patoso”… Si una y otra vez le repites que es lento, terminará creyéndoselo y reaccionando en consecuencia. No le humilles y evita los gritos y las críticas delante de los hermanos o los amigos. La práctica positiva consiste en fomentar el diálogo positivo interno. Cada vez que tu hijo rechace una tarea con un “es que no puedo, no sé hacerlo”, ayúdale guiándole y animándole. Cuando lo consiga, felicítale por el logro y pídele que él haga lo mismo en voz alta “he podido hacerlo”...
  • Pon humor en vuestra vida. Mientras los adultos hablamos, los niños sienten e interpretan. La proximidad física se traduce en proximidad psicológica y refuerza los vínculos afectivos, lo que actúa de bálsamo para salir airoso de las situaciones más complicadas.
  • La relación con los demás es una parte muy importante en la vida de tu hijo. No se tratar de que tu hijo sea el más popular de su grupo, sino de que logre amistades verdaderas y positivas. Para ello, comienza por enseñarle normas básicas de cortesía y buenos modales, y maneras de iniciar una conversación con otro niño (habilidades sociales). Además, es importante que aprenda a ponerse en el lugar del otro, (empatía) y sobre todo, que sepa diferenciar quiénes son de verdad sus “amigos”.

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